Las empresas de negocios con altos niveles de concentración/cartelización tienen márgenes de rentabilidad desmesurados, comparados con los mismos grupos en otros países, básicamente los de sus casas matrices ó los que decimos “del Norte”, con Estados súper intervencionistas en todos los aspectos de la política. El que lo quiera desmentir, que no lea esto. No hace falta. Nos lleva a otro punto de discusión en la que no quiero entrar. Abandone aquí la lectura.

¿No será que la inflación, que empezó siendo un fenómeno estructural por puja distributiva y algo de emisión y déficit –tesis monetarista- en los años ‘70 y ‘80 tuvo un arraigo cultural que creó una base de legitimidad para su existencia? ¿Y que tolerados los excesos y alzas de precios constantes -tal vez también porque se acompañaban de aumentos salariales- esto fue una vía de ganancias extraordinarias en Argentina para las empresas que se beneficiaban de ese mecanismo?

Esto explicaría una de las nuevas formas de expoliación, no por puja, sino por transferencia abrupta de ingresos/recursos, a través de los aumentos excesivos.

Hay otras formas en otros países, que asimismo existen aquí (vía endeudamiento y tasas usurarias por ejemplo). Pero en lo que respecta a inflación por alza de precios en empresas concentradas, somos exclusivos (alimentos, medicamentos). Y sino, un grupo selecto.

Existen también los precios regulados por el gobierno (comunicaciones, tarifas, prepagas, bancos), que este gobierno alienta. O incluso podríamos decir que hoy son quienes directamente gobiernan. Pero los funcionarios de gobiernos anteriores, si bien no coincidían en las mismas personas que las corporaciones, terminaban siendo complacientes y avalando alzas que en algún punto seguían siendo desmedidas (según mi parecer, que no verdadero, claro).

Pero siguiendo con el hilo, la inflación se frenó en los ‘90 vía shock, vía plan de convertibilidad. La alta inflación anterior permitió la caída del poder de compra/consumo. El contexto de distorsión y anemia de precios que tanta angustia generó en la población media y baja, justificó medidas de caída de salario a cambio de estabilidad en los precios. Es como en materia de seguridad doméstica: las altas tasas de delincuencia vehiculizan, con luz verde, medidas violatorias de todo tipo de derechos y garantías con tal de lograr la paz social.

Podríamos pensar que este escenario actual de caída de salario y poder de compra, en los años 70 y luego 80, no habría sido tolerado.

Pero el aumento de la pobreza y la desindustrialización que comienza en el proceso neoliberal de 1976 y se consolida durante los años menemistas, modificó la estructura social de la masa trabajadora radicalmente.

A eso se le sumaron nuevas formas de modalidad en el empleo y la creación de valor.

Consecuencia de ello es que los gremios de todo tipo perdieron legitimidad por la crisis de representación que estas nuevas modalidades generaron. Y el bienestar de las autoridades sindicales los convirtieron en parte del problema, y no en parte de la solución para aquellos a quienes debían representar. Las agrupaciones de trabajadores desocupados posteriores a la crisis de fin de siglo e inicios de este, lo explican.

Con el fin de la convertibilidad, la inflación vuelve lentamente, pero de forma inevitable. Su aparición silenciosa, conjurada con alzas de salarios y prestaciones sociales, no la reprime, sino que la tolera y permite.

Pero fue una bola de nieve.

En 2012, todo se va al carajo con los celulares. Algo pasó. Aún no sabemos de los efectos de eso que cambió para siempre a partir de ese año. Nunca lo pensé, pero coincide con el fin del calendario maya. Era un final del mundo y no el final. Es decir (y acá me corrige Javi, siempre tan inteligente): “el fin del mundo como un corte en cierta forma de funcionar”. ¿Será una señal? Bueno, no me quiero ir por la tangente.

La representación tiene nueva lógica. Venimos hablando de esto todo el tiempo.

Pero en lo que respecta a la inflación, esta nueva lógica ó estructura social potenció todos los párrafos anteriores: segmentación, fragmentación, dispersión, algoritmización, falta de representación, tolerancia a las alzas, apatía y lo más importante: ceguera dirigencial por parte de las grandes empresas, a las que les es más tentador seguir con el festival de ganancias extraordinarias hasta lo máximo posible. Y que después se pudra. Igualmente saben (o creen saber) a ellos nunca les va a tocar. Guarda…. Guarda…

Cierto es que el salario y la capacidad de compra viene deprimiéndose lenta pero sostenidamente desde 1976 en adelante (con la saludable excepción 2003-2015). La tendencia es ratificada por toda la comunidad dedicada a los numeritos y las estadísticas. Pero lo sentimos en el bolsillo. No es difícil darse cuenta lo que se podía antes y lo que se puede ahora. Un auto ó una vivienda están absolutamente lejos de las expectativas de las mayorías. La publicidad del supermercado Día (Marzo 2024) es «Con Día llegás». No hacen falta mayores aclaraciones.

En un contexto donde la clase trabajadora está bien agrupada/cohesionada/consustanciada, la conciencia sobre la pérdida del salario, el aumento de los padecimientos y pesares y la sensación de injusticia es mayor. En el escenario actual, de fuerte dispersión, no hay agenda pública común de las mayorías que le rivalice al «Dios Algoritmo». La idea-fuerza de una «clase en sí», que alguna vez existió en el imaginario colectivo, hoy ha desaparecido por completo. Sumemos que desde 2016 en adelante los paliativos para sostener los ingresos fueron decayendo. La salvedad entre el Gobierno de Macri y el de Alberto debe hacerse. Pero siempre la tendencia es hacia la pérdida. Nos acostumbramos a vivir peor. Y creo que en esto no hay fondo. Lamentablemente no lo hay. El ejemplo extremo son los campos de exterminio nazis, o el horror vivido en Dictadura, de humillación y deshumanización total, en donde la vida de las/los otras/os no vale nada; o peor aún, la muerte está justificada como el hecho que permite la existencia de «la gente de bien» (parafraseando al gobierno actual). Es un camino muy peligroso. La gente va perdiendo la dignidad poco a poco, sin darse cuenta, hasta que finalmente entra a una cámara de gas. Y en ese instante: a) sigue sin rebelarse, b) ya es tarde para cualquier intento. Es un ejemplo muy extremo, pero va graficando el estado de situación. Mientras nos vamos deshumanizando, no nos damos cuenta. Es un proceso lento, como cuando nos calientan en una olla y el agua va calentándose de a poco, y nos vamos cocinando, quedando al mismo tiempo sin capacidad de acción/reacción. La falta de solidaridad actual tal vez se explique en estas mismas razones: la perdida de valor sobre sí, proyecta el mismo destrato al resto.

El ejemplo anterior no es para afirmar que el proceso de alza de precios permanente lleva a un escenario de horror, sino para dar cuenta de cómo fuimos perdiendo capacidad de asombro en los comportamientos económicos y de mercado, naturalizando conductas que vistas desde afuera son intolerables desde donde se las mire. Entonces, la inflación es estructural, es monetaria, pero es social/culturalmente aceptada por todo lo anterior. Podríamos haber no sido un caso único al inicio, pero si lo seríamos ahora. Contrariamente es un fenómeno hiper cultural, excediendo con creces lo monetario, lo estructural, la puja distributiva.