La vez pasada me topé con una tapa del diario Clarín. En todos los recuadros de todas las secciones aparecía la letra K. Me llamó la atención. Me quedé reflexionando…

Pensaba sobre todo en el proceso de estigmatización que se ha dado. Como Clarín fue ganando la batalla, no solo en la imposición de la agenda. Sino en el etiquetamiento (siempre en sentido peyorativo).

Ahora todo es K. Habría que buscar en el diario, por día, cuantas veces aparece la letra K sola en mayúsculas:

La ruta del dinero K, militantes K, actores K, por supuesto que políticos K, reductos K, periodistas K, deportistas K, jueces K, fiscales K, medios K…

No sé cuantas K más, desperdigadas por ahí.

Y han logrado poner a todo aquel que no es «normal» o «gente bien» u «honesta», en el rótulo K, algo así como si estuviesen fanatizados. Con el cerebro lavado. Víctimas de un proceso de «kirchnerización»… Algunos ya irrecuperables.

De un lado «el pluralismo», las voces, el debate. Además del republicanismo, la justicia independiente y el mundo racional.

Del otro lado, el fanatismo.

Y si alguien osa denunciar esto, se convierte en K. Porque ser K es una enfermedad. La sociedad enferma. Como en la época del positivismo. K es un cáncer para el organismo.

Y si querés dar tu punto de vista, sos K, porque no lo denunciás.

Es como el fascismo. No hay que dejarlo avanzar. Porque nos puede pasar que tomen todo (La casa tomada). Y si lo K llega a ser el 95%, solo un 5% será la resistencia, los que no se enfermaron, los que sobrevivieron.

Y cuando ese grupo minúsculo vuelva a ganar, serán los héroes de un mundo que estuvo al borde de la descomposición. Ya lograron salvarlo de la gente enferma. Casí les diría Filosofía Zombi (muy buen ensayo por si no lo leyeron).

Por eso Clarin ya ganó…